


El complejo, que posteriormente será transformado en un innovador conjunto residencial, comprende 4.200 m2 organizados en dos bloques a partir de un patio central de 500 m2, un lugar de intercambio de recorridos e impresiones o, como lo define el autor de la intervención, el arquitecto Quim Larrea, “un espacio público, una síntesis en miniatura de las plazas florentinas interpretadas por un jardinero japonés”.
El trazado del patio se articuló mediante una pasarela de madera
de ipe que hilvanaba diferentes microplazas delimitadas por paredes de mármol
Eneus colocadas por gravedad, sin argamasa ni mortero, que actuaban como
compositores de perspectivas. A ambos lados bandas de grava en blanco (mármol)
y negro (volcánica) conformaron un lecho sobre el que se posaba la
pasarela.
Las microplazas se concibieron como ámbitos de descanso y conversación
para el visitante y en ellas desempeñaron un papel fundamental las innovadoras
piezas de mobiliario urbano de Macaedis.
Las jardineras FEMINA y BOTANICA, los bancos STO y T, las balizas LITA,
y la fuente ALTA se integraron así de forma natural en el conjunto,
creando pequeños espacios de una belleza intemporal.
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